viernes, 3 de agosto de 2012

Choque de ideologías…y destrucción de las mismas…


Saludos...

Debido a que siempre escribiré en las noches, los saludo y saludare siempre con un buenas noches (supuestamente debería decir “Buena noche” pero eso suena muy burdo).

Ya tratando lo que nos ocupa, alguna vez no se han preguntado ¿Qué soy? ¿Moderno u Ortodoxo? ¿Pacifista o Anarquista? ¿Humanista o Teísta? Bueno, pues yo seguro estoy de lo que soy y dudo de aquello que no pueda ser. Con total y absoluta confianza puedo decir que soy todas esas cosas pero ninguna a la vez.

Puesto que cuando se trata de aceptar o respetar los cambios del comportamiento de la sociedad, anulando tradiciones y doctrinas desfasadas al cambiarlas por nuevas técnicas o filosofías que se adapten mas a la sociedad en que vivo soy Moderno, pero cuando se trata de adoptar o imitar acciones e ideas por simple moda, sin sentido practico o didáctico, aceptando una tendencia en el comportamiento prefabricada por un sector y ser arrastrado por la ola de la falta de identidad  soy Ortodoxo.

Soy Pacifista cuando mis derechos son preservados y me encuentro en un Estado justo y protector, cuando los ánimos caldeados solo me conducirían a desgracias. Al mismo tiempo soy Anarquista cuando el accionar de mis gobernantes llega a un punto indignante y me hacen sentir burlado, ignorado, humillado y sobre todo irrespetado.

Creo y aseguro que el ser humano es una creación divina, concebido con una exactitud intachable y que, ayudado por la evolución, ha logrado adaptarse a su ambiente hasta el punto de dominar la tierra y aun el espacio. El humano es una maquina perfecta y de continuo crecimiento, capaz de forjar su destino y de alcanzar las metas mas altas, poseedor de la razón, la cual tiene un valor incalculable, por eso soy Humanista. Y aun siendo Humanista, también soy Teísta porque creo en la existencia de un ser soberano capaz de concebir y llevar a cabo este plan detallado y minucioso para que el universo fluya de forma constante y sin errores desde el principio de los días.

Por eso, clasificarnos por ideologías es una tarea no solo casi imposible, sino también inexacta  ya que nuestro interés, volátil y perpetuo a la vez, nos impide ser uno sin nunca ser lo otro, ya que quien se resiste a los cambios esta condenado a desaparecer.

Ideología es el producto del pensamiento subordinado al prejuicio. En cambio, como dijera un filósofo alemán: La filosofía implica una movilidad libre en el pensamiento, es un acto creador que disuelve las ideologías.

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